viernes, 10 de julio de 2009

1 FIBRAS TEXTILES Y TINTES

"El acordeonista devana el hilo de la música
con las dos manos ocupadas por la negra madeja".
Ramón Gómez de la Serna. Greguerías

GENERALIDADES

Programa.
OBJETIVOS:
-Comprender los factores que determinan el comportamiento de las fibras textiles en el proceso de tintado.
-Conocer las afinidades de las fibras textiles con las distintas familias de colorantes.
-Conocer los diferentes procesos de tintado según colorantes.
CONTENIDOS:
1.Fibras textiles:
-Fibras celulósicas.
-Fibras proteicas.
-Fibras químicas.
2.Tintes naturales:
-Colorantes directos.
-Colorantes con mordiente.
-Colorantes a la tina.
3.Tintes químicos:
-Colorantes sintéticos.
-Colorantes de dispersión.
-Colorantes reactivos.
4.Mordientes.
DURACIÓN:
6 horas.
ACTIVIDADES:
-Clasificar el muestrario de fibras según las posibilidades de tinción.
-Realizar un fichero donde se incluirán muestras de todas las experiencias de teñido, adjuntándoles los datos necesarios (tipo de fibra, pesos, proceso...).
CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
-Comprender los factores que determinan el comportamiento de las fibras en el proceso de tintado.
-Saber elegir los tintes mas adecuados en función de las fibras.
-Conocer los procesos básicos de tintado manual.


Refranes.
-Madeja sin cuenda, fácilmente se enreda.
-Niño sin rienda, como madeja sin cuenda.


Diccionario Real Academia.
tinta. (Del lat. fineta, t. f. de -tus, tinto.) f. Color que se sobrepone a cualquier cosa, o con que se tiñe. 2. Líquido, generalmente negro, que se emplea para escribir. 3. Acción y efecto de teñir. 4. V. lápiz tinta. 5. pl. Matices, degradaciones de color. Las TINTAS de la aurora. \\ 6. Pint. Mezcla de colores que se hace para pintar. comunicativa. La apropiada para que lo escrito con ella pueda ser reproducido en uno o más ejemplares, mediante estampación mecánica. de imprenta. Composición grasa y generalmente negra que se emplea para imprimir. simpática. Composición líquida que tiene la propiedad de que no se conozca lo escrito con ella hasta que se le aplica el reactivo conveniente. media tinta. Pint. tinta general que se da primero para pintar al temple y al fresco, sobre la cual se va colocando el claro y el obscuro. 2. Pint. Color templado que une y empasta los claros con los obscuros. medias tintas, fíg. y fam. Hechos, dichos o juicios vagos y nada resueltos, dictados por extremada cautela y receloso espíritu. correr la tinta, fr. Estar fluida; escribirse fácilmente con ella. dar, o no dar, tinta, fr. Dícese de la pluma que por estar bien, o mal, dispuesta, o por la calidad de la tinta, arroja, o no, la suficiente para escribir. de buena tinta, fr. p. us. Con eficacia, habilidad o viveza. 2. De buen temple, de buen humor. meter tintas, fr. Pint. Poner o colocar las tintas en los lugares correspondientes. recargar uno las tintas, fr. fíg. Exagerar el alcance o significación de un dicho o hecho. saber uno de buena tinta una cosa. fr. fíg. y fam. Estar informado de ella por conducto digno de crédito, y sudar tinta, fr. fíg. y fam. Realizar un trabajo con mucho esfuerzo.
tintar. (De tinta, tinte.) ir. Dar a una cosa color distinto del que tenía, teñir.
tinte. (De tintar.) m. Acción y efecto de teñir. 2. Color con que se tiñe. 3. Casa, tienda o paraje donde se limpian o tiñen telas, ropas y otras cosas. 4. V. palomilla, retama, de tintes. 5. fíg. Artificio mañoso con que se da diverso color a las cosas no materiales, o se las desfigura.

Símbología.


Madejando lino

Madeja.
Las mujeres embarazadas no deben liar madejas bajo ningún concepto, ya que la criatura que llevan en su seno correría el riesgo de quedar enrollada por el cordón umbilical en el momento de nacer. Las brujas solían hacer madejas con tripas de animales en sus prácticas de encantamiento para propiciar la separación de casados, novios, familiares o amigos.(***)



Lavado.
Según Oswald Wirth, “en alquimia, el sujeto ennegrecido, luego muerto y podrido, es so­metido a la ablución, operación que utiliza las lluvias progresivas procedentes de la condensa­ción de los vapores que se desprenden del ca­dáver por la acción de un fuego exterior mo­derado, alternativamente activado y rebajado. De estas lluvias reiteradas, resulta el lavado pro­gresivo de la materia, que pasa del negro al gris y progresivamente al blanco. La blancura seña­la el éxito de la primera parte de la Gran Obra. El adepto no la alcanza sino purificando su al­ma de todo lo que la turba comúnmente”. El lavado, pues, simboliza menos la purifica­ción del mal objetivo y exterior que la de los males subjetivos que pudiéramos llamar “parti­culares”. Resulta obvio agregar que esta purifi­cación es mucho más difícil y dolorosa, puesto que lo que se trata de destruir forma nudo con la propia existencia, sus razones vitales e impul­sos espontáneos. Éste es el “niégate a ti mismo” necesario para el verdadero progreso moral, ale­góricamente explicado en la fase descrita del proceso alquímico.(*)
Manchas.
El simbolismo de las manchas, como el de los desconchados de los muros, que impresionaron a Piero di Cosimo y Leonardo da Vinci, integra el simbolismo de la forma de tales manchas y el de la textura o materia. Tiene relación con el de las nubes, en cuanto ambas generan figu­ras ilusorias que pueden ser identificadas por procesos de interpretación análogos. Prueba de ello la hay en el test de Rorschach. Con fre­cuencia, las manchas están asociadas al paso del tiempo, aluden así a las ideas del transcurso y de la muerte. De otro lado las manchas, decolora­ciones e imperfecciones de todo género pueden adscribirse al simbolismo de lo anormal pues, según los alquimistas, esas “enfermeda­des” de los objetos o materias constituyen la au­téntica “primera materia”, la base para la prepa­ración del oro filosófico (evolución espiritual). El Rosarium Philosophorum dice: «Nuestro oro no es el oro común. Tú, sin embargo, has de­mandado al verde, suponiendo que el mineral sea un cuerpo leproso a consecuencia del ver­de que muestra en sí. Por esta razón te digo que lo de perfecto en el mineral es solamente ese verde, porque bien pronto se verá transforma­do mediante nuestro magisterio en el oro más verdadero”. Este simbolismo se relaciona con la frase de Nietzsche, en Así habló Zaratustra, “Des­de lo más bajo ha de alcanzar su ápice lo más alto”.(*)
Mancha.
Toda mancha, ya sea una simple peca, un lunar o cualquier otra huella, siempre es vista con cierto recelo porque se considera que con su presencia se rompe un equilibrio, un orden armónico cuyos elementos están proporcionados y limpios. Las manchas también se interpretan como la consecuencia de una obra mal hecha o de un deseo no cumplido, como las que aparecen en el rostro, que se achacan a an­tojos insatisfechos durante el embarazo. Una creencia muy extendida afirma que aunque aparentemente una mancha de­saparezca, en realidad nunca aca­ba de borrarse completamente, y su presencia continuará imponiendo su perniciosa influencia. Las manchas blancas en la superficie de las uñas indican que quien las posee es muy dado a la mentira (Andalucía). Un me­chón de cabellos canos es pro­pio de una persona de la que se debe desconfiar.(***)
Polilla.
Estas mariposas, cuan­do revolotean sin descanso en tor­no a una persona, la están avisan­do de que se prepare para recibir una noticia inesperada. Es común la creencia de que matar una poli­lla es tentar al peligro o incitar a un allegado a sufrir una caída.(*)
Colores en Marruecos.
-Blanco: simboliza pureza espíritu y cuerpo.
-Azul: simboliza la espiritualidad. Para conseguirlo se utiliza índigo.
-Rojo: simboliza amor y sueño. Se utiliza amapola (coclicó), corteza de mimosa para el rojo vivo o cochinilla para el burdeos.
-Amarillo: simboliza fertilidad en la mujer, cuerpo y mente. Se utiliza azafrán o cáscara de granada.
-Verde: Se utiliza alfalfa.


Ropa Tendida.
Expresión que se dice al que está hablando para advertirle de la proximidad de otra persona ante la cual conviene callar. Se aplica cuando hay niños o inocentes que puedan escandalizarse, o cuan­do hay personas que no conviene que oigan lo que se hablaEsta frase procede de la antigua jerga de la delincuencia. Se uti­lizaba por los reclusos en las prisiones para advertirse entre ellos de la presencia de los carceleros cuando estaban enfrascados en conversaciones que no era conveniente que fuesen escuchadas por la autoridad. José María Sbarbi la explica dándole este mismo sen­tido.


La mujer vestida de morado.
Parecía una Concepción siempre vestida de morado, y al mismo tiempo eso le daba un aire de imposible.
Estaba en el año de no poder acceder al amor, por­que se debía al propio orgullo de su belleza, perfecta, marfileña, con una gran frente abombada y destellante.
El enamorado preguntó a la amiga que da los con­sejos difíciles:
— ¿Cómo podría yo enamorar a una muchacha que va vestida de morado?
—Ponte una corbata amarilla —le dijo la que todo lo sabe.
Inútil. Ella estaba en los meses pictóricos en que a la mujer no la tientan, ni los más fantásticos viajes.
Su terciopelo morado la hacía resaltar como nada y hacía más estremecedora su belleza ese fondo de gato que tiene el terciopelo.
Pero de la noche a la mañana desapareció.
La robó sin más trámites el ladrón de joyas, pues al verla en el estuche de terciopelo morado —estuche de joyería— no tuvo duda y obró fatalmente con la sa­gacidad y perentoriedad con que obra el ladrón.
Ramón Gómez de la Serna(Otras fantasmagorías).


PROCESOS

Tipos de fibras.
FIBRAS NATURALES
Celulosa
Algodón, cáñamo, yute, lino, ortiga, pina, ramio, sisal.
Proteínas
Alpaca, angora, pelo de camello, cachemir, mohair, seda, lana.
Mineral
Amianto.

FIBRAS ARTIFICIALES
Polímeros naturales y regenerados
Alginato, acetato de celulosa, triacetato de celulosa, rayón cupramonio, Modal, caucho, Tencel, viscosa de rayón.
Sintéticas
Acrílicos y modacrilico, clorofibras, e!astene, poliamida, polipropileno, poliéster, polietileno.
Otros
Carbón, cerámica, vidrio, metal.

FIBRAS DE CELULOSA
Las fibras de celulosa, especialmente el algodón, el lino o el cáñamo, se han utili­zado durante muchos siglos para hacer tejidos. Estas fibras proceden de las plantas y su estructura química básica es la celulosa, un carbohidrato similar al almidón. Las fibras de celulosa se em­plean para fabricar una amplia gama de telas, desde pesadas como el dril, la lona, el terciopelo, ¡a pana o la toalla, hasta delicadas muselinas, organzas y jersey. Se pueden utilizar solas en un te­jido, pero a menudo se encuentran mez­cladas con otras clases de fibras, que varían las propiedades del tejido. Por ejemplo, en las sábanas de algodón y poliéster, el poliéster mejora las cualida­des de lavado y planchado de la tela dando como resultado un tejido de fácil cuidado, mientras que en la viella, una mezcla de algodón y lana, la lana propor­ciona al tejido calidez y tacto suave.
Algodón.
Se encuentra en muchas va­riedades, que van desde el fino algodón egipcio hasta el grueso algodón indio hi­lado a mano. Las distintas variedades se cultivan por sus colores naturales, que eliminan la necesidad de teñirlos.
El algodón tiene muchas característi­cas que lo hacen ideal para los tejidos. Es duradero, suave y absorbe grandes cantidades de humedad, y también se puede tratar con altas temperaturas, lo que facilita su lavado y planchado.
Lino.
Es la fibra más antigua conocida por la humani­dad. Aunque está compuesta principal­mente de celulosa, también contiene lignino, que le aporta el color marronoso, y sus características principales son el frescor, un lustre sedoso y la durabili­dad. Es menos flexible que el algodón, lo que hace que se arrugue más, pero este problema se reduce aplicando a las fibras resinas resistentes a las arrugas.
Otras fibras.
El cáñamo, el yute, el ramio, la ortiga, la pina y el sisal se utilizan en todo el mundo en menor cantidad. Su uso es li­mitado pero puede aumentar a conse­cuencia de los resultados de las investi­gaciones actuales para encontrar alternativas al algodón que sean natura­les y respetuosas con el medio am­biente.


FIBRAS DE PROTEÍNAS
Estas fibras son de origen animal y la mayoría están compuestas por la proteí­na queratina, que proviene de las fibras de pelo. Se pueden hilar para ser tejidas, formar como fieltro o hacer de punto para crear una amplia gama de tejidos Los que se utilizan más a menudo para estampar y pintar a mano son el crepé, los tafetanes y sargas, el punto, los terciopelos, las franelas y los fieltros.
Seda.
El gusano hila la fibra de la seda cre­ando un hilo continuo que va enrollando formando una estructura de capullo. Es de un color amarillo pálido, beige o blan­co y tiene un revestimiento de una goma llamada sericina. La fibra se pue­de transformar en dos clases de hilo: la primera se hace combinando los hilos de varios capullos para formar un único hilo de filamento continuo, mientras que el segundo se hace a partir de capullos estropeados o sobrantes, que se troce­an en fibras cortas y se hilan en máqui­nas convencionales.
Lana.
Se encuentra en mu­chos colores y variedades, y el largo de la fibra dependerá de la raza de la oveja. Como fibra es flexible, elástica y rizada y da al tejido terminado una elasticidad y resistencia que impide que se arrugue demasiado. La fibra de la lana es capaz de absorber una gran cantidad de agua sin mostrarse húmeda, pero es sensible al calor y si se lava en agua caliente pue­de apelmazarse. Esta propiedad se puede aprovechar para fieltrar o contrarres­tarla tratando el tejido con un acabado anti-encogido. Las fibras de la lana acep­tan con facilidad los tintes y se pueden conseguir colores vivos.
Otras fibras.
La alpaca, la angora, el pelo de camello, el cachemir y el mohair se utilizan en todo el mundo a pequeña escala. Se ob­tienen a partir del pelo de diversos ani­males y se combinan en mezclas con lana y seda para conferir un aire suntuo­so al tejido.

FIBRAS ARTIFICIALES REGENERADAS
Las fibras regeneradas fueron las prime­ras fibras artificiales que se produjeron, y en un intento de copiar a la naturaleza se hicieron experimentos para reprodu­cir lana artificial y fibras de tipo seda.
Acetato de celulosa y triacetato de celulosa.
El acetato de celulosa se descubrió en 1918 al descomponer la celulosa de la madera con ácido acético y sulfúrico, pero no fue hasta los años veinte cuando se pudo obtener la fibra. Esto se consi­guió alterando el acetato por medios quí­micos para producir la fibra de triacetato de celulosa (acetato secundario). Hacia 1950 se encontraron sistemas más efi­caces de obtener el acetato de celulosa y se desarrolló la fibra Tricel. Los tejidos hechos con Tricel son brillantes o mates, tejidos o de punto y cuando se plisan con calor, conservan la forma.
Tencel.
En los últimos años la búsqueda de una fibra artificial verde ha culminado con la fabricación del Tencel, la primera nueva fibra artificial en estos treinta años. El Tencel es una viscosa producida a partir de pulpa de madera (de plantaciones medioambientales sostenibles), mezcla­da con un disolvente que puede ser reciclado después de utilizarlo. Se la ha lla­mado el camaleón de las fibras y es capaz de reproducir perfectamente las cualidades de otras fibras. Los tejidos producidos con Tencel pueden ser más fuertes que el algodón, con un tacto si­milar al terciopelo y las cualidades de drapeado de la seda.
Viscosa de rayón.
La viscosa de rayón se descubrió en 1892 al deshacer la pulpa de la madera con un álcali fuerte. Durante muchos años se utilizó como una alternativa al algodón y la seda, y tiene muchas de las propiedades de la fibra natural de la ce­lulosa al igual que el lustre brillante de la seda. Sin embargo, tiende a arrugarse mucho, pero esto se puede solventar en muchos casos combinando la viscosa con otras fibras.

SINTÉTICAS
Las fibras sintéticas son fibras artificiales derivadas del carbón o del petróleo. En los años treinta, tras descubrir las fibras regeneradas, los químicos em­pezaron a producir cadenas de políme­ros, siendo el nailon la primera consiguida. Lo descubrió un equipo creado en EE.UU. por E.I. du Pont de Nemours. En 1934 el jefe del equipo, Wallace Hume Carothers, descubrió la formación de una larga cadena de molé­culas de polímero y utilizó este principio para la formación del nailon. La síntesis de esta fibra llevó a una amplia gama de fibras. Al contrario de las fibras naturales, las sintéticas se pue­den producir actualmente con características para satisfacer pro­pósitos específicos, y si se combinan entre ellas y con fibras naturales, las cua­lidades de las telas producidas son casi infinitas. Un hallazgo reciente es el de las microfibras, que son tan deli­cadas y muestran unas propiedades tales de ligereza y suavidad, que las fibras na­turales no pueden competir con ellas.
Acrílico y Modacrílico.
El acrílico fue descubierto en 1940 por E.I. du Pont de Nemours. Se produjo a partir de un líquido resultante del gas na­tural y el aire, y era la más similar a la lana de todas las fibras artificiales. Se puede convertir en hilos de gran grosor, cálidos y suaves. El acrílico se mezcla a menudo con otros tipos de fibras para conferir suavidad y estabilidad a un buen precio. El modacrílico es una fibra acrílica adaptada, que presenta la ventaja de tener la propiedad de retardar la llama.
Poliamidas.
Originariamente conocida como nailon , la poliamida se desarrolló en Estados Unidos. Sin embargo, debido al poste­rior desarrollo de muchos tipos distintos de nailon, se cambió el nombre de la fi­bra por el de poliamida, que da una des­cripción más exacta de la estructura quí­mica de la fibra.
Estas fueron las primeras fibras que mostraron la propiedad de la elasticidad en frío (fibras que se dilatan sin que se les aplique calor) y que una vez hiladas se podían extender hasta tres o cuatro ve­ces su largo original. Durante ¡a Segunda Guerra Mundial, esta fibra se utilizó en los paracaídas, tiendas y neumáticos, pero rápidamente su uso se extendió al género del punto y la lencería. Actual­mente existen cientos de tejidos de po-liamida producidos por todo el mundo.
Poliéster.
El poliéster lo descubrió en 1941 la com­pañía británica ICI, que le dio el nombre comercial de Teryleno. El poliéster es la fibra sintética más utilizada; es resisten­te, lavable y a prueba de encogido, pero generalmente requiere un teñido a alta temperatura y presión. Se puede reciclar a partir de botellas de bebida de plástico transparente (un tejido muy popular fabricado de este modo es el forro polar). El poliéster se usa en combina­ción con otros muchos tipos de fibra y generalmente se encuentra mezclado con algodón, lino y lana.
Otras fibras
Otras fibras sintéticas son el elastene, el polipropileno y las clorofibras. Las fibras de elastene, basadas en poliuretano, tie­nen la propiedad de extenderse y volver a su forma original con una gran versatili­dad. Se pueden teñir fácilmente y se utili­zan sobre todo, combinadas con otras fibras, en tejidos elásticos como los de los trajes de baño (ejemplos bien conocidos son Spandex y Lycra). Asimismo, el poli­propileno se utiliza principalmente en ro­pas de deporte y prendas de altas presta­ciones (forro polar), mientras que las clorofibras, como el PVC (cloruro de polivinilo), se utilizaron principalmente duran­te los sesenta en prendas de moda.
Otros materiales y minerales como el vidrio, el carbón, la cerámica y el amian­to se pueden fundir y convertir en fibras. Estos tejidos tienen usos principalmen­te industriales y no resultan apropiados para teñir o colorear. Los metales en for­ma de alambre muy fino también se pueden incorporar a los tejidos combina­dos con otras fibras.

Colores y colorantes.
El ojo humano reconoce tres propiedades mesurables del color:
-Tono. Es el nombre de cada uno de los principales colores del espectro, por ejemplo: rojo, verde o azul.
-Valor. Se refiere a lo oscuro o claro de un color cuando se compara con la escala de grises Por ejemplo, añadir blanco a un color para matizarlo, se consigue un color más claro, dándole un valor más alto en la escala de gri­ses; o, añadir ne­gro, obteniendo un color más os­curo y más bajo en la escala de grises.
-Intensidad. Se refiere a lo brillante o apagado de un color, resultando más intenso (brillante) cuanto más cercano sea al color primario.
Las teorías sobre la luz y el color se han investigado y documentado y se han llevado a cabo muchos experimen­tos acerca de la mezcla de pigmentos de color y la luz. Hoy la mezcla de colo­res se puede dividir en dos sistemas principales:
-Mezcla aditiva. Mezcla directa de los colores primarios de la luz, rojo, verde y azul (cuando se mezclan juntos en cantidades iguales producen el blanco).
-Mezcla sustractiva. Cuando las áreas del espectro son absorbidas o sustraí­das por una superficie, por tanto, se reflejan y dispersan las ondas de luz que sobran. Vemos una rosa roja porque todas las ondas de luz azul y verde son absorbidas por la flor y solo se devuelven reflejados los colores rojos. Una superficie blanca devolverá reflejada toda la luz, mientras que una superficie negra absorbe todas las on­das de luz. En vez del rojo, verde y azul, los colores primarios por mezcla sustractiva son: rojo, amarillo y azul, mezclados en proporciones iguales, pro­ducen negro.
La teoría sustractiva se uti­liza con más frecuencia y la desarrolló por primera vez Johannes Itten (1888-1967). La teoría sustractiva del color explica las mezclas de color bási­cas de tintes y pigmentos. Damos por sentado que los tres primarios son colores puros: han de tener igual brillo y no pueden contener ni una fracción de otros colores primarios en su fabrica­ción. Los tonos secundarios se producen mezclando dos prima­rios en cantidades iguales:
amarillo + rojo = naranja
amarillo + azul = verde
azul + rojo = violeta
Al mezclar los colores secundarios con los primarios más próxi­mos se crea un nuevo grupo de seis tonos intermedios. La manera más simple de demostrar esto es con la ayuda del círculo de color, en el que el espectro de color se curva hasta que sus extremos se tocan formando una rueda. Los doce tonos se pueden ver todos a la vez y sus relaciones entre ellos se pueden entender fácilmente. Los colores opuestos entre sí en la rue­da, se conocen como colores complementarios. Si dos colores complemen­tarios se mezclan, se crea un gris neutral. Es importante tener esto en cuenta cuando se mezclan tintes, ya que la mezcla de negro a menudo apaga un color (lo ensucia) más que darle un tono más bajo (que es cuando el co­lor conserva su claridad).
El éxito de la aplicación de esta teo­ría se basa en que los tres colores pri­marios sean puros. Siem­pre existen impurezas en los pigmentos o tintes, lo que significa que muchos de los secundarios producidos por estos son apagados. Para superar este pro­blema se han inventado varios sistemas de color y el sistema tricromático del color (basado en el magenta, amarillo y cían) utilizado en la impresión sobre pa­pel es uno de ellos. En este sistema la imagen se separa en tres colores, cada uno formado por puntos muy peque­ños, que al imprimir se combinan para dar la sensación de toda una gama de colores. De hecho los colores no se mezclan, así este sistema supera el pro­blema de las mezclas. Sin embargo este sistema no da tan buenos resulta­dos en la estampación sobre textiles, ya que se encuentran pocos colorantes o tintes con suficiente pureza y buenas cualidades de solidez y reflexión para proporcionar colores puros brillantes una vez mezclados.

La historia de los colorantes.
Los tintes se pueden dividir en dos gru­pos principales: tintes sintéticos y natu­rales.
Las primeras sustancias que se utilizaron como colorantes se obtuvieron de las rocas y las plantas. Los mine­rales se molían para formar pigmentos y se mezclaban con resmas de los árbo­les, ceras, sangre, saliva o albúmina (clara de huevo) a fin de obtener una pasta que se pudiera frotar o pintar so­bre una tela. Para los blancos o cremas se usaban cal, yeso y arcilla y el mineral de hierro y otros minerales metálicos producían los amarillos, ocres, naranjas, rojos y marrones. Originalmente, los tintes vegetales se conseguían hirvien­do y machacando las bayas, hojas y ta­llos de las plantas. Generalmente, estos colores se "pegaban" simplemente sobre el tejido y se desteñían al lavar y con el uso. El deseo de fijar los colores de modo permanente sobre la tela, lle­vó a experimentar con sustancias como la orina, el barro, cenizas y agua de río o mar combinados con los tintes. Todas estas sustancias ayudaban a crear y fi­jar de un modo permanente el color so­bre la tela.
En la Europa medieval la producción y teñido de las telas fue desarrollándose hasta convertirse en una gran y prove­chosa industria y sus trabajadores se asociaron en gremios. Los gremios de tintoreros se dividían entre los negros o simples que trabajaban con telas senci­llas; los tintoreros de los colores fuertes, que estaban autorizados a teñir colores brillantes sobre telas delicadas; y en el norte de Italia, los tintoreros de seda. Las leyes estrictas sobre el uso de tin­tes y mordientes velaban por la calidad de las telas teñidas. Bajo estas leyes, muchos tintes extranjeros se clasifica­ban como bastardos y se prohibía su uso. Los tintes utilizados en la industria variaron muy poco hasta el descubri­miento en 1790 de los colores minera­les de laca como el beige de hierro, el marrón de manganeso, el amarillo de cromo o el azul de Prusia. Estas son sa­les metálicas u óxidos insolubles produ­cidos por un proceso de precipitación. Estos colores eran muy brillantes y lla­mativos cuando se comparaban con los tonos más suaves producidos por los tintes naturales y rápidamente se pusie­ron de moda.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la creciente mecanización de la fabri­cación de telas requería un suministro de tintes naturales cada vez mayor. Plantas como la rubia o la hierba pastel se cultivaban en abundancia por toda Europa y los tintes índigo, palo del Bra­sil, cato y cochinilla se importaban en grandes cantidades desde el Lejano Oriente y América. En 1853 William Henry Perkins descubrió el primer tinte sintético, malva producido por la reduc­ción del nitrobenceno (un producto del alquitrán del carbón). Con el éxito del violeta Perkins, como se llamaba co­múnmente, se hicieron muchos más tin­tes con el alquitrán del carbón como base. La industria de los tintes evolucionó con rapidez y el proceso de colorear los tejidos se con­virtió en una nueva ciencia. El interés por la coloración se desplazó de los tin­tes naturales al suministro creciente de los artificiales.
En la actualidad existen miles de colo­res y tintes disponibles y cada año apare­cen muchos más. Muchas clases de co­lores populares hace treinta años ahora apenas se usan, puesto que se han en­contrado alternativas con mejores cualidades de permanencia y técnicas más sencillas para el teñido y estampado.
El propugnado cambio hacia un modo de vida más verde ha llevado a un creciente interés por los tin­tes naturales. Sin embargo, su perma­nencia depende del uso de mordientes, muchos de los cuales pueden ser muy contaminantes. Además, la disponibili­dad de fuentes de aprovisionamiento de plantas e insectos para los tintes natura­les es limitada y las cantidades necesa­rias para proveer la moderna industria textil requerirían grandes zonas de suelo agrícola y forestal. Como muchos de es­tos tintes no son apropiados para es­tampar, su papel está limitado a áreas especializadas de pequeña escala de la producción textil.
Si se clasificaran todos los tintes se­gún su estructura química, habría, al me­nos, treinta tipos diferentes. Por tanto, están clasificados en menos grupos, basados en el sistema de aplicación usado y las clases de fibras que cada tinte pue­de colorear.

TINTES SINTÉTICOS
Esta categoría se puede subdividir en los grupos que describimos brevemente a continuación. Existen otros tintes sintéti­cos, pero apenas se usan y no son apro­piados para un taller de poca producción.
Tintes ácidos.
El término genérico de tintes ácidos in­cluye varios tipos de tintes clasificados por sus propiedades de resistencia a la decoloración por humedad y a los méto­dos de aplicación necesarios. Como indica el nombre ácido, estos tintes re­quieren condiciones aciduladas calien­tes para fijarse en las fibras. Muchos de los tintes ácidos colorean lana, seda y otros tejidos de proteínas y poliamidas. Son enormemente predecibles y fáciles de utilizar en una amplia gama de colo­res brillantes, aunque es necesaria una cuidadosa selección para conseguir un tono específico o la solidez necesaria. Este amplio grupo de tintes se subdivide en cuatro grandes clases:
-Tintes de igualación. Dan un buen teñido, brillante y nivelado y se emplean preferentemente en el teñido de las lanas, aunque algunos se pueden utili­zar en sedas o poliamidas.
-Tintes de transpiración rápida. Tienen una resis­tencia superior a la decoloración por hu­medad a la de los tintes de igualación, y comparten algunas de sus propiedades igualantes.
-Tintes de ba­tanado. Requieren un mayor control y cui­dado durante su utilización, ya que tienen tendencia a teñir de manera desigual. La gama de colores de este grupo es limita­da pero son brillantes y se pueden utilizar con muy buenos resultados sobre seda, lana y fibras de poliamida.
-Tintes de superbatanado. Consisten en una pequeña selección de tintes brillan­tes. Es muy difícil teñir de una manera uniforme con ellos pero son muy resis­tentes a la decoloración. A menudo se les llama tintes brillantes.
Tintes azoicos.
Se los conoce como colores de hielo y se utilizaban principalmente para estampar tejidos de celulo­sa de moda (algodón principalmente). Su característica principal es que se crean in situ en las fibras del tejido. Se utilizaban originariamente en estampados popula­res africanos que imitaban batik con ce­ras, pero su utilización ha disminuido últi­mamente debido a lo caro y la poca disponibilidad de los productos clave.
Tintes básicos y tintes básicos desarrollados.
Estos fueron los primeros tintes sintéti­cos (el violeta Perkins pertenece a este grupo) que se fabricaron, pero actual­mente se utilizan muy escasamente porque son poco resistentes a la decolo­ración por lavado y por exposición a la luz. Se pueden utilizar para crear colores brillantes sobre seda, lana y acrílicos, pero en la actualidad se utilizan principalmente para teñir fibras acrílicas o modacrílicas.
Se pueden encontrar a menudo tin­tes básicos entre los tintes de estampa­do a mano sobre seda porque son fáci­les de utilizar, pero su poca resistencia al desteñido limita su uso; este problema se puede superar revistiendo la pieza terminada con un protector de la luz ultravioleta.
Tintes directos.
Estos tintes colo­rean la celulosa sin necesidad de nin­gún tratamiento previo o de mordientes. Esto los convierte en uno de los tintes más fáciles de utilizar en los teji­dos de celulosa. También se los conoce como tintes de aplicado porque se apli­can directamente a la celulosa, pero no reaccionan químicamente con ella. Los tintes directos son baratos y se encuen­tran en una amplia gama de colores que se pueden mezclar entre ellos. Se usan principalmente para teñir telas de algo­dón, aunque también se pueden utilizar para teñir sedas y a menudo se emplean para producir el fondo del estampado por corrosión. La desventaja es que se destiñe con facilidad con el lavado o al estar ex­puesto a la luz y recientemente se ha reducido la gama a los colores más sóli­dos. Se utilizan raramente para estam­par, habiendo sido sustituidos por los tintes reactivos que ofrecen mejor re­sistencia y tiempo de procesado.
Los tintes directos se han de aplicar a temperaturas entre 85-90 °C, lo que no los hace apropiados para el batik, ya que esta temperatura haría que la cera que se utiliza en el proceso se fundiera. Es necesario añadir sal, sal común (cloruro sódico) o sal de Glauber (sulfato sódico), para que el tinte coja bien. Si lo que se va a teñir es lana o seda, se sustituye la sal por ácido acético.
Tintes dispersos.
Los tintes dispersos se desarrollaron du­rante los años veinte para teñir las nuevas fibras sintéticas que no se colorea­ban con los tintes tradicionales. Se utili­zan prácticamente sólo para el teñido de sintéticos y subliman pasando de esta­do sólido a vapor con la aplicación de ca­lor, cosa que permite teñir el tejido sin utilizar agua. Se han desarrollado en forma de polvo, en for­ma de pasta/líquido y también en tintas y lápices para usos artesanos.
Actualmente muchos tejidos intere­santes están hechos de mezclas de fibras sintéticas y fibras naturales como lana o algodón. Estos se pueden colorear con una mezcla de tintes dispersos y otros tintes, utilizando el agotamiento de tinte, siempre que se use un agente junto con el tinte. Los tintes sólo son absorbidos por las fibras a altas temperaturas (90-100 °C), por lo que se ha de tener especial cuidado cuando se tiñen mezclas de lana y poliéster ya que la lana se apelmazará si se trata sin cuida­do a altas temperaturas. El agente se ha de aplicar en una habitación bien ventilada puesto que a menudo se desprenden vapores al utilizarlos.
Pigmentos.
Son insolubles al agua, pero se pueden aplicar a todo tipo de te­jidos junto con una resma, emulsión o dispersión. Se utilizan principalmente para estampar, pintar a mano o estarcir telas y se pueden en­contrar tanto en forma concentrada, que se puede utilizar para colorear varios aglutinantes, o ya mezclados con una base para ser utilizados como pintura para tejidos. Es posible conseguir efec­tos especiales con pigmentos sensibles al calor y la luz o metalizados perlados (una gama de metalizados que tiene un acabado perlado).
Tintes reactivos.
Son los más utiliza­dos por los artistas/diseñadores, ya que se pueden emplear para colorear una amplia gama de clases de fibra sin nece­sidad de maquinaria especializa­da para su fijación.
Toman su nom­bre por reaccionar químicamente con las moléculas de la fibra para formar una adhesión covalente con el tinte. Este vínculo entre tin­te y fibra proporciona buenas cualidades de resistencia al lavado y a la luz. Fue comercializa­do por primera vez por ICI en 1956, con el nombre de Procion, y se ideó para teñir celulosas, aunque algu­nos tipos son apropiados para seda, la­nas y varias mezclas de fibras. Unos son menos reactivos y apropiados para pintar y estampar sobre tejido, otros son más apropiados para teñir. La mayoría se pueden utili­zar en frío para teñido de batik.
El teñido se lleva a cabo siguiendo tres pasos: absorción de los tintes en la tela, fijación de estos tintes en la tela y lavado de los tintes sobrantes no fijados. Necesitan dos auxiliares, el primero es la sal, que puede ser cloruro sódico o sal de Glauber (algunos tintes azules y verdes darán mejor resultado si se utiliza esta última). La sal actúa como electrolito, reduce la solubilidad del tin­te. Esto provoca que las moléculas del tinte se muevan alrededor y busquen los puntos apropiados para unirse. Controlando la disolución de tinte así, se creará una tintada uniforme pues el tinte se ab­sorbe por las fibras a velocidad constante. El segundo auxiliar es un álcali, normalmente car­bonato sódico. Este aumenta el ph del baño de tinte lo que permite al tin­te reaccionar con las moléculas de la fibra y fijarse al tejido. La cantidad de sal o álcali depende del tono; los colores pálidos reque­rirán menos que los más oscuros.
Los tin­tes reactivos en polvo pueden causar reacciones alérgicas respiratorias. Es importante utilizar una mascarilla respiratoria antipolvo mientras se manipulan. Mu­chos tintes se venden en forma granular o líquida para evitar este problema.
Tintes de tina.
Se usan para colorear celulosa y poco en lana ya que las condi­ciones alcalinas que requieren estropean las proteínas. Son insolubles en agua y se ne­cesita hacerlos solubles antes de teñir. Utilizando una solución alcalina de sosa cáustica e hidrosulfato sódico, por una reducción química, se convierte el tinte en soluble al álcali (esta solución puede tener un color distinto del color del teñido final). Así el tinte penetra en las fibras y una vez absorbido, se expone al aire para oxidarlo de nuevo a su estado indi­soluble. En este punto queda perma­nentemente fijado en el tejido.
El índigo es un tinte natural de tina utilizado durante siglos para teñir los tejidos. El índigo originalmente se sacaba de las plantas, pero hoy en día se utiliza índigo sintético para los tintes de tina. Los procedimientos de te­ñido son complejos y laboriosos, pero los efectos que se pueden conseguir con el teñido atado y el estampado por reserva compensan el esfuerzo. El índigo fue el primer tin­te de tina que se sintetizó, pero actualmente se halla una amplia gama fabricada por diversas marcas.

TINTES DOMÉSTICOS MULTIUSO O DE UNIÓN
Se pueden adquirir en varias formas. Unos son para teñir con agua caliente y se pueden aplicar en la lavadora, mientras otros son para usar en agua fría. Son fáciles de utilizar y tiñen la mayoría de los tejidos pues contienen un combi­nado de tipos de tinte pero esto es también su desventaja, ya que se desperdicia bastante tinte al ser este rechazado por las fi­bras. Es difícil ob­tener colores oscuros e intensos, pero son muy prácticos para tonos de grados pá­lidos o intermedios o en las técnicas de estampado por reserva.

TINTES PARA EL PINTADO A MANO
Algunas empresas producen sistemas de teñido para pintado manual. Suelen ser ácidos, básicos o reactivos y se presentan en soluciones de fácil uso. Unos se disuelven en alcohol, otros en agua, y otros se venden en polvo. Se encuentran en tiendas de productos artísticos, y aunque se venden para pintar sedas a mano, se pueden diluir para teñir algodón o tejidos de seda. Existen sistemas con métodos distintos para uti­lizar y fijar, por lo que se recomienda se­guir las instrucciones del fabricante.
Las pinturas basadas en pigmentos se encuentran en muchos colores, incluyen­do fluorescentes y metálicos. Están combinados con aglutinantes de diversa vis­cosidad y suavidad. Se fijan con calor, normalmente un secador de pelo o una plancha.

TINTES NATURALES
Fueron los únicos dis­ponibles hasta descubrirse los sintéticos a mediados del XIX. Se obtienen de vegetales, animales o minerales y toman su nombre del elemento del que proceden.
Uno de los tintes animales más anti­guos fue el Púrpura de Tiria (extraído de un crustáceo), utilizado por los fenicios entre el 2000 y el 1000 a.C. Tintes rojos brillantes se extraen de los cuer­pos secos de diversos insectos, entre ellos la cochinilla. El tinte índigo se encuentra en la forma química del índican en gran variedad de plantas cultivadas en todo el mundo. De las raíces de la planta rubia (Rubia tinctoria) se obtienen rojos resistentes, para fijarse necesita del mordiente alum­bre, su elemento tintóreo rojo se conoce como alizarin. También se extraen tintes a partir de la madera de diversos árboles. El palo del Brasil, que se obtiene del corazón del ár­bol Haematoxylon campecianum, origina­rio de Sudamérica, produce una gama de colores que va desde el azul, el violeta, el gris y el púrpura hasta el negro, depen­diendo del mordiente que se utilice.
Otras plantas y líquenes producen amarillos, naranjas, rosas, verdes, ma­rrones y negros. Los amarillos se pueden obtener de la gualda (Reseda tuteo­la), falso azafrán (Carthamus tinctorius), azafrán (Crocus sativus), cúrcuma (Cúr­cuma longa o C. tinctoria) y pistacho (Morus tinctoria o Chlorophora tinctoria). Los tintes naranja se pueden obtener del diente de león (Sambucas ebulus), la ce­bolla (Allium cepa), el achiote y la sangui­naria (Sanguinaria canadensis). Los rosas y los verdes provienen de las hojas y las bayas de la zarzamora (Rubus fruticosa) y de la grosella (Ribes nigrum); y los ma­rrón/negros se pueden obtener de las nueces (Juglans nigra), del té (Camellia sinensis) y de los iris (Iris pseudacorus).
Los tintes de esta sección son apro­piados para colores de base y para es­tampar con técnicas de reserva; la mayoría de los tintes, sin embargo, no se pueden utilizar para el estilo de estampado directo. Los tintes naturales se pueden utilizar para teñir cualquier fibra orgánica, pero los tintes y los sistemas varían según sean para celulosa o proteínas. La mayoría de los tintes naturales no son apropiados para las fibras sintéti­cas. Al igual que con los tintes sintéti­cos, los tintes naturales se pueden clasi­ficar como de tipo sólidos y fugitivos.
Existen pocos tintes sustantivos na­turales (la mayoría serán atraídos por las fibras sólo con la ayuda de mordientes) y estos se comportarán de manera dife­rente con las fibras de celulosa o de pro­teínas. Habitualmente se aplican hirvien­do en agua el material de tinte junto con las fibras durante un período de tiempo.
Mordientes para tintes naturales.
Muchos tintes naturales se conocen como tintes adjetivos, lo que significa que necesitan la presencia de un mor­diente para fijarse en las fibras del tejido. El término mordiente se aplica general­mente a sales metálicas, pero también se puede utilizar para describir cualquier sustancia que se fija en una fibra para permitir el teñido. Las distintas clases de mordientes suelen dar como resultado diferentes colores aún a partir del mismo tinte natural.
Azufre.
Es el mordiente más común y se ha ve­nido usando desde la antigüedad. Se ob­tiene del sulfato de aluminio o del sulfa­to alumínico potásico. Cuando se usa combinado con crema de sarro (tartrato ácido de potasio), el azufre ayuda a re­ducir la cantidad de mordiente necesaria para la fijación e ilumina e iguala el color final en el tejido.
Cromo.
Este mordiente hoy en día se emplea principalmente en el teñido del algodón. Sin embargo, su uso esta muy limitado debido a las consecuencias medioam­bientales nocivas de su deshecho y por­que muchas personas son sensibles a él; si se utiliza en tejidos, cualquier partícula no fijada permanentemente a los tintes o fibras puede causar una reacción alérgica de la piel. Utilizando cromo junto con áci­do fórmico, sin embargo, se evitan prác­ticamente estos efectos alérgicos, a la vez que se aumentan sus propiedades de resistencia a la decoloración. Los mor­dientes de cromo más comunes son bi­cromato potásico o dicromato potásico o sódico. Estos mordientes son sensibles a la luz y se han de conservar en recipien­tes oscuros.
Cobre.
El cobre se usa poco en el teñido case­ro, pero la industria lo ha utilizado du­rante siglos como mordiente. Origina­riamente se usaba en forma de verdín, un acetato de cobre básico. El sulfato de cobre, a veces conocido como azul vitriolo, también se puede utilizar. Es venenoso y se tiene que manipular con cuidado. La adición de ácido acético en el baño reducirá la cantidad de cobre necesaria y aumentará la solidez del teñido.
Hierro.
Este fue uno de los primeros mordien­tes que se descubrieron. Quizás el ha­llazgo fue accidental, ya que las sales de hierro presentes en el agua que se utili­zaba para teñir los tejidos podrían haber alterado el color final. El hierro se usaba normalmente para producir negros y gri­ses en combinación con taninos extraí­dos de las cortezas de los árboles y de las nueces, pero en la actualidad se utili­za como mordiente posterior con el ob­jetivo de entristecer (bajar el tono/oscurecer) el color de un tinte. La manera más fácil de utilizarlo es como sulfato de hierro, un polvo verde cristalino, también conocido como cobreras o vitriolo verde a causa de su color.
Ácido tánico.
El ácido tánico actúa como mordiente en las fibras de celulosa o como fijador en combinación con otros mordientes. Se obtenía originariamente en su forma natural de muchas fuentes vegetales como el sumac, las agallas del roble y ciertos frutos, pero actualmente se pue­de encontrar en su forma pura como polvo. Al contrario de las formas natura­les, que requieren un largo hervido para extraer el ácido, este polvo se disuelve simplemente en el agua. El ácido tánico en combinación con sales ferrosas pro­duce un color marrón/negro. El matiz de este color dependerá de la cantidad de hierro que esté presente y de la pureza de las sustancias tánicas.
Estaño.

Se emplea principalmente como agente modificante de otros mordientes hacia el final del proceso de teñido e intensifi­ca y abrillanta el color del tejido. Gene­ralmente se obtiene del cloruro de esta­ño, los cristales de estaño u otras sales de estaño Es venenoso e irritante, por lo que debe manipularse con cuidado. Si se utiliza con el tinte de la cochinilla, pro­duce un color escarlata brillante.


Manchas. Consejos de la abuela.


Tendederos en el Manzanares (Madrid)

Las manchas hay que limpiarlas rápidamente pues si se deja pasar demasiado tiempo, la sustancia se incrusta, se adhiere fijamente e incluso forma una combinación química indisoluble con las fibras.
Los ingredientes necesarios para quitar manchas suelen encontrarse en los hogares. En general se puede decir que:
-Las manchas de sustancias proteicas (salsas, huevos, sangre, cacao, leche condensada, nata y otros) se limpian con agua fría.
-Las manchas de grasa se limpian con agua muy caliente.
-Las manchas de polvo se limpian con agua a cualquier temperatura.
-Muchas manchas, especialmente las de fruta, pueden quitarse con suero de mantequilla, jabón en bloque o con el blanqueo producido por la luz solar.
-Para las manchas en tejidos de colores y de lana, disolver y lavar. La duración del remojo en el suero de mantequilla debe calcularse según la intensidad del color de las manchas. Después lavar con un detergente a base de jabón.
Detergentes: Las castañas son un detergente ideal para los tejidos de lana oscura. Las castañas de indias se cortan en ro­dajas, se secan y se conservan en bolsitas de lino, mejor en la despensa, colgadas de un gancho. Me acuerdo de que mi madre estuvo tres años sin quitarse la ropa negra. Primero, murió mi padre, con 39 años; luego, mi abuela, y, un año después, mi abuelo. La ropa oscura, después de llevarla tanto tiempo, adquiere un tono gris. Así que la lavé con castañas y adquirió un maravilloso color negro. Hoy día, hay muchas mujeres ahorradoras que deshacen un tejido de lana bueno y lo vuelven a tejer. En este caso, debería lavarse igualmente con castañas. Estas se dejan en agua fría durante la noche y por la mañana se ponen a hervir.
Los tejidos y los jerseys oscuros se lavan en agua templada con extracto de castañas espumoso, pero no hay que añadir jabón ni detergente. A menudo, hay que volver a enjuagarlos, porque el agua sigue echando espuma. Seguramente, se alegrarán de poder lavar sus tejidos de lana o jerseys oscuros de forma biológica.
Limpieza de ropa: Con demasiada frecuencia se llevan las prendas a la tintorería. Cuando no hay que quitar ninguna mancha, la ropa se cepilla vigorosamente con una solución de alcohol o, en el caso de colores oscuros, de amoníaco, y se deja secar al aire libre, si es posible. A 1/4 de litro de agua le corresponde una cucharada de alcohol.
Quitamanchas: Se humedece bien la mancha con zumo de limón, se enjuaga con agua limpia y a continuación se frota con jabón blando. Se deja que el jabón actúe un rato y se lava con agua caliente. Generalmente, se pueden eliminar incluso las manchas de tinta y rotulador.


Manchas de la A a la Z
Aceite de máquina: Mojar con amoníaco y lavar en agua jabonosa templada.
Acuarela: lavar con agua templada.
Cortinas amarillentas: Añadir un puñado de sal al agua jabonosa; en telas sintéticas el resultado no es tan bueno. Para la ropa, dejarla en remojo en suero de mantequilla durante unos días, después aclarar bien y lavar con un detergente a base de jabón.
Azúcar: Agua templada o muy caliente.
Alquitrán: El alquitrán se puede eliminar fácilmente con un poco de margarina o mantequilla.
Betún: Disolver con aguarrás natural y a continuación lavar con agua jabonosa.
Bolígrafo y rotulador: Mojar las manchas con un paño empapado en zumo de limón o alcohol de alta graduación (80-90%). Durante el tratamiento, absorber la tinta desprendida con un pañuelo de papel.
Brillos de roces: Cepillar con agua y vinagre.
Café: En algodón y lino poner agua jabonosa muy caliente sobre la mancha, a continuación aclarar con agua fría.
Cera de vela: Quitar la cera que se pueda doblando varias veces la tela encerada; a continuación colocar una hoja de papel secante o de seda sobre la mancha y plancharla, cambiando el papel secante varias veces de posición, hasta absorber toda la cera. Si todavía hace falta, lavar con un detergente a base de jabón o quitar posibles residuos de lavado con alcohol.
Cerveza: Lavar todos los tejidos con agua templada.
Chamuscados de algodón y lino: Colocar unas rodajas gruesas de cebolla cruda sobre el lugar quemado. Dejar que actúen de 10 a 20 minutos y a continuación lavar la prenda. En prendas de lana, seda u otros tejidos delicados, aplicar unas gotas de zumo de cebolla y, tras dejarlas actuar un tiempo, aclarar.
Chocolate: Agua templada.
Espinacas: Frotar con la superficie cortada de una patata cruda, lavar en agua jabonosa y aclarar bien.
Fruta: Poner unas gotas de limón o vinagre, a continuación aclarar con agua clara y —si todavía hace falta— lavar con agua jabonosa templada. Para naranja reciente, lavar con agua fría; en seda, lana y otros tejidos delicados humedecer ligeramente con glicerina, dejar actuar y aclarar a fondo con agua caliente para no dejar restos de glicerina en el tejido.
Grasa: Si se les aplica levadura en polvo y se deja actuar media hora, generalmente desaparecen después cepillándolas. Lavar los tejidos blancos de algodón o lino con agua jabonosa templada o mojar la mancha ligeramente con un paño empapado en alcohol con un poco de sal común; tras dejarlo unos minutos para que actúe, lavar.
Hierba: Disolver una pizca de estannato en 1/2 litro de agua de lluvia. Con esta disolución se frotan las manchas. A continuación, se aclara con agua muy limpia. En algodón y ropa blanca, frotar con agua muy caliente y a continuación lavar con detergente a base de jabón.
Hollín: ¡No restregarlo nunca! Primero soplar para que vuelen las partículas de hollín que no están adheridas fijamente. Luego poner una capa gruesa de sal sobre el resto de hollín, dejar actuar y sacudir; a continuación lavar con un detergente a base de jabón.
Huevo: Las manchas recientes se lavan enseguida con agua fría. No se debe emplear nunca agua caliente, ya que el calor fija la albúmina en el tejido. Las manchas de yema se lavan con agua jabonosa templada, el resultado mejora si la prenda se pone antes en remojo.
Leche: Lávese con agua fría o jabonosa templada; también se puede mojar con un paño empapado de amoniaco ¡En ningún caso se usará agua muy caliente! (véase huevo).
Lejía: Agua muy caliente. En tejidos de color y delicados (lana, seda), se mojan las manchas con agua y con un paño empapado en agua con vinagre.
Mantequilla: Se lava la mancha con agua jabonosa templada. En telas delicadas, se quita con amoniaco.
Moho: Se pone el tejido en remojo en leche acida durante unos días; a continuación se lava con un detergente a base de jabón. Para algodón y lino claros se cubre la mancha con una pasta hecha con tiza, jabón y agua. Se deja que actúe y a continuación se lava bien. También pueden dejarse las prendas manchadas en leche ácida durante dos o cuatro horas; a continuación se hierven brevemente en agua jabonosa.
Orina: Se lava con agua jabonosa o se emplea amoniaco diluido.
Óxido: En telas claras se ponen unas gotas de limón hasta que la mancha haya desaparecido; a continuación se aclara bien. También pueden ponerse gotas de limón en la mancha y extender la tela sobre vapor de agua; a continuación se lava. Una alternativa es remojar la tela en agua con un poco de glicerina y lavarla luego con un detergente a base de jabón.
Quemaduras: Se aplican enseguida unas gotas de agua con vinagre o zumo de limón; se deja que actúe durante unas horas y, a continuación, se aclara bien con agua limpia. También pueden mojarse las manchas con agua, poner sal y dejar que se blanquee al sol.
Sangre: Se dejan las prendas en una solución de carbonato sódico; a continuación se lavan en agua jabonosa. Una alternativa consiste en mojar la mancha con agua, aplicar jabón en taco, dejar que se blanquee al sol y a continuación lavar con un detergente a base de jabón. Atención: las manchas de sangre todavía recientes pueden mojarse con agua y absorberse con un pañuelo de papel (debe repetirse varias veces).
Sudor: Se pone la tela en remojo en agua con vinagre; a continuación se lava con un detergente a base de jabón. Para el olor a sudor se añade un vaso de vinagre al agua del último aclarado en la lavadora.
: Por lo general, basta agua muy caliente, pero es preferible tratar las telas muy delicadas con agua jabonosa templada.
Tinta: Los paños y las prendas de ropa se meten en leche fría y a continuación se enjuagan. Para la lana o el algodón es muy eficaz el zumo de limón.
Tinta reciente: Se cubre con una capa gruesa de sal común; se sacude y se trata con alcohol o vinagre, y se aclara bien.
Vino tinto reciente: Se pone mucha sal y se deja que actúe; se sacude y se aclara, o se lava con un detergente a base de jabón. Si la mancha está seca, se moja con agua, se frota con jabón en taco y se deja que penetre. Se blanquea al sol sin dejar que se seque, volviendo a mojarla de vez en cuando.
Vino blanco: se lava en agua jabonosa templada.
Yodo: Se moja la mancha un poco, se frota con la superficie cortada de una patata cruda (primero la mancha se pone más oscura) y se aclara con agua fría; se repite hasta que la mancha haya desaparecido. A continuación se lava con agua jabo­nosa y se aclara bien.
Yogur reciente: Se lava con agua templada. Si está incrustado, se quita con un cepillo lo que se pueda y a continuación se lava la mancha en agua jabonosa templada.
Zumo de fruta: Si la mancha todavía es reciente se moja con agua caliente o se pone sal y se sacude. A las manchas de fruta de más tiempo se les echa agua hirviendo. También se pone un poco de sal, que se disuelve, se aplica jabón en taco y se blanquea al sol. La lana y otros tejidos delicados deben tratarse con amoniaco diluido.

Varios.
Planchar blusas de seda: Las blusas de seda lavadas y secas se envuelven en un paño humedecido en agua caliente y bien escurrido. Después de un cuarto de hora, se puede planchar ya la blusa fácilmente y sin dificultad.
Polilla: Si ha habido ya polillas en el ropero, se pinta bien con trementina, sobre todo las esquinas. La lavanda seca, colocada en bolsitas de tela entre la ropa de lana y de invierno, evita un nuevo ataque de polillas.
Reciclaje de lana deshecha: La lana deshecha se enrolla en el respaldo de una silla y se forman madejas. A continuación, se lava y se tiende. Se cuelga la madeja con un hilo arriba en la cuerda y abajo se pone un peso pequeño, o un objeto pequeño, que se ate a la madeja con un hilo de lana. Así se estira la lana y se puede utilizar otra vez como si fuera nueva. Se consigue un punto claro.

EJERCICIOS A PRESENTAR

-Realizar un muestrario con las fichas de los tintes naturales realizados. Se valorará la correcta inclusión en las mismas de las composiciones detalladas de colorantes y demás productos químicos utilizados, así como del proceso seguido. En las fichas se incluirán muestras de los colores obtenidos y cuando se estime necesario de las fibras originales. -En dicho muestrario se irán añadiendo fichas con todos los tintes que se vayan realizando a lo largo del curso.
El muestrario se presentará en una caja. Las fichas serán de cartulina fuerte y tamaño DINA 7.

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